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La lección de Santa Agueda

Escrito por admin el 7 Febrero 2010 – 14:53

El  día 4 de febrero, víspera de Santa. Agueda, fuimos a Bilbao junto con nuestra hija mayor a hacer unas gestiones. Antes de volver a casa, nos dirigimos hacía el Casco Viejo para ver a los diferentes grupos de gente, que salen ese día a la calle a cantar en honor a la santa. Estando hablando con una conocida de Artzentales, detrás nuestro pasó, sonriendonos alegremente, Irene con su hijo, y un pequeño séquito de su grupo de Granada, se dirigían también hacia el Casco Viejo.
Cuando terminamos de hablar, fuimos a la callle hacia la que ellos se habían dirigido y ahí los vimos junto a un grupo que cantaba. Nos colocamos a unos cuantos metros de ellos, para escuchar el canto, cuando inesperadamente, ante nosotros, apareció sonriente y emocionado el hijo de Irene. Saludamos al chaval, y estando hablando con él, se acercó Irene, con parte del séquito, a saludar a nuestra hija mayor. Le plantó dos besos y le dijo los típicos tópicos que se pueden decir, cuando no hay nada que decir. Fue una situación forzada, pero conocida, muy conocida, la habíamos visto en este tipo de interpretaciones, muchas veces, con lo cual no nos sorprendió para nada. Era corroborar de que a pesar de todo el tiempo que ha pasado, después de todas las cosas que han pasado, ella no ha reflexionado en absoluto, y sigue actuando con los mismos guiones viejos y caducos, que la han llevado al fracaso mas estrepitoso como maestra espiritual y como terapeuta. Fue muy curioso, porque era como ver una película, muy conocida, en la que has actuado muchas veces, pero esta vez desde la prespectiva del espectador. Hemos actuado tantas con ella, en estos sainetes, que podemos hasta sentir lo que estaban sintiendo los de Granada: el orgullo de servir, defender y proteger a la Maestra, del odio y rencor de Jon y Maite, como unos auténticos guardaespaldas. Porque esa fue su función, ya que a pesar de que se acercaron con Irene a saludar a nuestra hija, y todos ellos la conocen muy bien, solamente uno de ellos le dedicó una frase, las otras dos se mantuvieron a la expectativa en absoluto silencio. Nos suponemos, que en recompensa por esta actuación, ganaban unos cuantos puntos ante la Maestra. Podemos hasta imaginar la conversación que mantuvieron entre ellos, antes de atreverse a dar el paso de venir, por tantas veces vista y escuchada.
Y … ¿ que decir de ella? la interpretación, fue sublime,magnifica, espectacular, la ha realizado tantas veces en su vida, que le sale a la perfección. Conociendola suponemos, que no desaprovecharía este “movimiento ficticio y forzado” y a la vez que actuaba, les daría unas cuantas lecciones espirituales y de conducta a sus alumnos. La primera, de como no hay que dejarse llevar por el odio y el rencor y tener el coraje y sobre todo la humildad, de dejar todo de lado y saludar a la niña inocente que se encuentra con sus padres. La segunda, demostrar que ella y su personaje de Maestra, están por encima del enfrentamiento que en estos momentos hay entre ella y nosotros. Y la tercera darles un gran ejemplo de perdón y entrega. Seguramente habrá muchas mas lecciones, pero no nos las podemos ni imaginar.
Nuestra lectura, en cambio, dista mucho de las apreciaciones que ella habrá dado a sus acólitos, ya que para nosotros fue un atropello y una gran falta de educación y ética. En esta vida y en esta sociedad existe un código ético basado en el respeto mutuo, aunque exista un enfrentamiento entre las partes. Está claro que Irene no se rige por él, sino por el código que ella se ha inventado  y que considera que es el apropiado y el perfecto para todo el mundo. Ella parece, que sigue sin enterarse de que nadie mas que sus súbditos, aprueban su código, porque este, está basado en el enfrentamiento y en la provocación, no en el respeto. Ella siempre ha camuflado como una muestra de valentía y de expresión, el provocar y pasar por encima de los demás, sin respetar sus sentimientos, ni el espacio, ni el tiempo.
En la situación actual, consideramos que su actuar fue del todo improcedente y de una falta de respeto total, hacia nuestra hija. Si la niña, al ver a su hijo, sabiendo que Irene se encontraba alli, no se dió la vuelta para saludarla, pensamos que ella debe respetar este movimiento, sin provocar con su presencia una situación incómoda, para una chavala de trece años, que aunque sabe lo que está pasando, tiene sus propios sentimientos al respecto y estaba con sus padres. Parece mentira que ella misma se venda, como leímos en su efimera web, como una terapeuta que hace los mapas de ruta, cuando no pudo distinguir la señal de prohibido el paso que le mostraba nuestra hija. Esta vez debió de dejarse el GPS en casa.
Con todo ello, nos quedamos con unas cuantas preguntas sin respuesta:
Si hubiese sido al revés, si somos nosotros los que estamos con nuestra familia y nuestro hijo pequeño, la vemos a ella con su marido y su hija mayor y mandamos de avanzadilla al niño y luego nos acercamos todos (familia incluida) a saludar a su hija. ¿hubiera visto en nosotros, la compasión, el perdón…etc de la que ella alardea o por el contrario hubiera visto lo que nosotros hemos visto en ella? Seguramente nos hubiera puesto a parir entre sus súbditos, diciendo que somos unos soberbios y que nos imponemos, sin respetar su espacio, ni sus sentimientos. Unos sinvergüenzas.
La hemos oído en multitud de ocasiones censurar a quien, estando enfrentada con ella, hacía un regalo a sus hijos, o les invitaba a su casa a comer o dormir, diciendo que esta persona pasaba por encima de ella y que sus hijos no están separados de ella. ¿ que pasa entonces con nuestra hija ? ¿No se le aplica lo mismo? Como dice el refrán: “Consejos vendo, para mi no tengo”. y por último….¿se hubiese atrevido a mandar a su hijo y a venir ella, si hubiese estado sola? No, definitivamente no. Ahí se ve la falta de sinceridad en sus actos, y que siempre necesita espectadores y actores secundarios en sus interpretaciones
Con esta actuación, una vez mas, quedó patente para nosotros, que no le importan ni las personas ni sus sentimientos, que lo único que le importa es seguir engordando su ego y que en este caso, para engordarlo, no dudó en utilizar a sus fieles vasallos y a unos inocentes niños, de nueve y trece años.


Publicado en Irene Goikolea, amalurra | 8 Comentarios »