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Toda arrogancia será castigada, irene goikolea

Escrito por admin el 30 Junio 2009 – 12:12

Irene se caracteriza por una excesiva arrogancia, exacerbada por la voz de los maestros con la que domina a sus discipulos. Ella en todo se muestra excesiva: en la explotación ilimitada del ser humano, en la imposición de sus creencias y, cuando le parece oportuno, en la guerra, llevada a todos los que ella considera traidores. Irene padece del «complejo-Dios», pues pretende saber todo y poder todo. En relación con esto,hemos encontrado una fabula alemana antigua. Trata de un matrimonio de pescadores. Vamos a contarla. Cierto matrimonio vivía en una choza miserable junto a un lago. Todos los días la mujer iba a pescar para comer. Un día sacó con su anzuelo un pez muy raro que no supo identificar. El pez le dijo: «no me mates, que no soy un pez cualquiera; soy un príncipe encantado, condenado a vivir en este lago; déjame vivir». Y ella lo dejó vivir. Al llegar a casa, le contó lo ocurrido a su marido. Éste, muy astuto, le sugirió: si realmente es un príncipe encantado puede ayudarnos y mucho. Corre, vuelve allí y prueba a pedirle que transforme nuestra choza en un castillo. La mujer, rezongando, fue. Llamó al pez a voces. El pez vino y le dijo: «¿qué quieres de mí?» Ella le respondió: «tú debes ser poderoso, ¿podrías transformar mi choza en un castillo?». «Tu deseo será cumplido», respondió el pez. Cuando volvió a casa, se encontró con un imponente castillo, con torres y jardines, y al marido vestido de príncipe. Al cabo de unos días, señalando hacia los campos verdes y las montañas, el marido dijo a la mujer: «Todo esto puede ser nuestro. Será nuestro reino; vete al príncipe encantado y pídele que nos dé un reino». La mujer se enojó por el deseo exagerado del marido, pero acabó yendo. Llamó al pez encantado y éste vino. «¿Qué quieres de mí ahora?», le preguntó el pez. A lo que la pescadora respondió: «me gustaría tener un reino con tierras y montañas hasta donde se pierde la vista. «Tu deseo será cumplido», respondió el pez. Y, al volver a su casa, encontró un castillo todavía mayor. Y dentro de él a su marido vestido de rey, con una corona en la cabeza, y rodeado de príncipes y princesas… Y los dos fueron felices durante un buen tiempo. Pero un día el marido soñó con algo más alto, y dijo: «Mujer mía, podrías pedir al príncipe encantado que me haga papa con todo su esplendor». La mujer se indignó. «Eso es absolutamente imposible. Papa solamente existe uno en el mundo». Pero él le presionó tanto, que finalmente la mujer fue a pedir al príncipe: «quiero que hagas papa a mi marido». «Pues que se cumpla tu deseo», respondió el pez. Cuando regresó vio al marido vestido de papa, rodeado de cardenales, obispos y multitudes arrodilladas delante de él. Ella se quedó deslumbrada. Pero pasados unos días, el marido dijo: «sólo me falta una cosa y quiero que el príncipe me la conceda: quiero hacer nacer el sol y la luna, quiero ser Dios». «Eso, el príncipe encantado seguramente no lo podrá hacer», dijo la mujer pescadora. Pero, aturdida después de una grandísima insistencia, fue al lago. Llamó al pez. Y éste le preguntó: «¿qué más quieres de mí?». Ella le pidió: «quiero que mi marido se vuelva Dios». El pez le dijo: «vuelve a casa y tendrás una sorpresa». Al regresar, encontró a su marido sentado delante de la choza, pobre y todo desfigurado. Según las tragedias griegas, así sucederá con aquellos que viven de hybris, es decir, con excesivas pretensiones. Serán inexorablemente castigados. ¿No será tal vez éste el destino de Irene y por ende, el de amalurra? Conocida es la religiosidad fundamentalista de Irene y de sus seguidores. Tienen la profunda convicción de que Dios escogió a Irene y unos cuantos mas del plan, para crear una nueva conciencia. Se sienten instrumentos de esa misión divina. Todos los días Irene recibe instrucción de los maestros y el grupo reza para que Dios les haga cumplir su misión con determinación. Ahora podemos amarrar las cuentas del collar: Irene se mueve por misión, por un plan divino. No necesita del aval de hacienda, ni del juez, ni de los hombres. Tiene el aval de Dios. Es imperativo derribar a Jon y Maite, pues son una de las expresiones de la oscuridad. Se apropia de las ganacias del hotel porque le proporciona la base material para el cumplimiento de la misión. La nueva conciencia debe ser configurada con los valores de Irene, pues sólo éstos son queridos por Dios. Los demás no construyen el mundo nuevo. Lo trágico es que Irene está llena de buena voluntad sin ninguna autocrítica. Por eso, esa buena voluntad no es buena. Sólo produce resentimiento, miedo odio y caida de inocentes. La arrogancia de Irene es su enfermedad, su locura, porque continua pensando que ellos son los mejores. Sin embargo, aunque fuese con dificultad, debería de haber creado un antídoto a todo esto, que es la autocrítica. Déberia de darse cuenta del mal que ha hecho a tantisima gente y a ella misma. A fin de cuentas, es una persona más, una entre otras. La curación se consigue mendiante el diálogo incansable, la apertura a los otros y el intercambio que nos enriquece y nos hace humildes. Esta guerra de amalurra se desató por el rechazo del diálogo, por la satanización hacia los disidentes a su proyecto y por pura arrogancia. Es una verdadera tragedia. Jon y Maite


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